Las mentiras de la crisis

Mentira 1:

Los que nos han llevado a la crisis nos sacarán de ella.

¿Recuerdas el inicio de la crisis? Parecía entonces que los culpables estaban perfectamente identificados. Los causantes eran los bancos y los grupos financieros, que habían estafado y mentido para ganar más, y los gobiernos neoliberales, que durante décadas les dejaron actuar con total libertad. Ahora, sin embargo, estos culpables no están tan definidos. Los causantes de la crisis, según parece, somos los trabajadores y las trabajadoras. Los mismos que estamos sufriendo las consecuencias. Cuando dicen que “necesitamos” reformar las pensiones, abaratar el despido, o bajar los salarios no están pensando en ti. No van a ser ellos los que nos den la receta mágica para salir de este atolladero. Que no te confundan.

Mentira 2:

Hay que privatizar los servicios de empleo.

Si, es cierto que los servicios de empleo están saturados. Pero, ¿es la solución privatizarlos? En absoluto. Privatizar los servicios de empleo no garantizaría ni la igualdad de oportunidades ni la calidad del servicio. Al contrario, sólo garantizaría un gran volumen de negocio para algunas empresas que, por descontado, no responden ni al interés general ni al control de nadie. Lo que necesitamos es una inversión potente que permita mejorar los servicios públicos existentes.

Mentira 3:

Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades

Es cierto que venimos de una etapa de indiscutible bonanza. Pero tampoco es menos cierto que esta bonanza se ha cimentado en el sobreesfuerzo y el endeudamiento de los trabajadores y las trabajadoras de este país. En 2007, el endeudamiento familiar se situaba en el 131% de su renta disponible, cuando las recomendaciones más prudentes aconsejan que el endeudamiento de un país no supere el 60%. Tras el periodo de falsa prosperidad, los mismos que nos dieron todas las facilidades para endeudarnos, ahora nos atacan por haberlo hecho.

Mentira 4:

La Seguridad Social está en quiebra.

Cíclicamente vemos comos los medios de comunicación se hacen eco de algún estudio presuntamente riguroso que asegura que, en un tiempo determinado, no habrá dinero para pagar las pensiones. Para ahorrarnos el mal trago nos invitan a hacer toda clase de aportaciones a los fondos de pensiones privados. Sin embargo, estas apocalípticas previsiones siempre son erróneas, como se ha demostrado. La Seguridad Social cerró los ejercicios de 2008 y 2009 con superávit, a pesar de la crisis. Y aún existe un amplio margen para dedicar más recursos, sobre todo si tenemos en cuenta que el gasto público en pensiones es 3 puntos de PIB inferior a la media europea. Los sistemas de protección social son la garantía para nuestro Estado del Bienestar. No son para ganar dinero.

Mentira 5:

Pagamos demasiados impuestos

No es que paguemos muchos impuestos. Es que unos pagamos más que otros. Según el sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda, casi el 80% de la recaudación del IRPF procede de los salarios. Es decir, los ciudadanos con rendas bajas soportamos, comparativamente, una mayor carga fiscal que los ciudadanos con las rendas más altas. La diferencia se acrecenta cuando en 2007 se elimina el impuesto sobre el patrimonio, que graba, y sobre todo controla, las grandes fortunas. Mientras, el fraude fiscal se dispara: uno de cada cuatro euros no tributa. En definitiva, en este país ser rico sale muy barato. Por ello necesitamos un sistema fiscal progresivo que garantice un mayor gasto social. Que pague más quien más tiene.

Mentira 6:

Trabajamos poco

España es el tercer país de Europa que más tiempo dedica al trabajo, pero su productividad es menor que la de la media europea. Mientras aquí la productividad por hora trabajada es de 92,5 puntos, en Luxemburgo, con jornadas laborales más reducidas, es de 170,5 puntos. La conclusión es clara. Necesitamos mejorar el sistema productivo, potenciar actividades que generen valor añadido y una organización más racional del tiempo de trabajo.

Mentira 7:

El mercado de trabajo es rígido

Dicen que somos un mercado de trabajo rígido. Se quejan de la rigidez en la regulación del trabajo y en la actividad de la autoridad laboral, y también porque no pueden regular las plantillas según las necesidades productivas de las empresas. Y para solucionarlo plantean una reforma laboral que elimine todos los derechos sociales adquiridos por los trabajadores, defendiendo la negociación individual frente al convenio colectivo, y el abaratamiento del despido como condición sine qua non. Ahora toca invertir los beneficios empresariales en formación y tecnología, en lugar de hacerlo en especulación, en sectores de trabajo intensivo con mano de obra poco cualificada, como se había hecho hasta el momento. Estos son los verdaderos cambios estructurales que necesita nuestro mercado de trabajo.

Mentira 8:

Cobramos demasiado.

A pesar de la bonanza económica, España ha sido el único país de la zona euro con un crecimiento negativo de los salarios. En este período dorado se ha generado mucha ocupación, pero inestable y de bajos salarios. El IPC ha subido por encima del crecimiento salarial. A costa de la pérdida de capacidad adquisitiva de los trabajadores y las trabajadoras de este país, directivos y altos cargos han podido llenar sus bolsillos.

Mentira 9:

El precio del despido es caro

El mismo Banco Mundial lo reconoce: en España es más fácil despedir que en la mayoría de los países de nuestro entorno. El despido es libre, pero no es gratuito. La única protección para el trabajador es el coste de la indemnización. Ahora dicen que el problema reside en que el precio del despido es muy caro. La gran mayoría de los empleos que se han perdido desde el inicio de la crisis correspondían a contratos temporales que han expirado. En estos casos, el precio del despido no es caro o barato. Simplemente es inexistente.

Mentira 10:

Los sindicatos no hacemos nada

El papel de los sindicatos en la defensa de los trabajadores está reconocido en la Constitución. Somos la única fuerza capaz de negociar con garantías que se respeten los derechos de los trabajadores. UGT cuenta con 1.200.000 afiliados y afiliados. Más de 129.000 delegados y delegadas de nuestro sindicato defienden los derechos de los trabajadores y las trabajadoras en las empresas. Las mejoras que consiguen los sindicatos se aplican a todos los trabajadores, estén o no afiliados. Su trabajo es un bien público.

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